jueves, 7 de agosto de 2008

"El mar se hallaba totalmente en calma cuando una ola de 21 metros pareció salir del aire... Nuestro capitán, que lleva 20 años en este oficio, dijo que nunca había visto nada igual"

Para las olas producidas por una tormenta en alta mar es común alcanzar los 7 metros de altura, bajo condiciones extremas estas olas pueden alcanzar incluso los 15 metros

Consideradas hasta hace poco un mito marino fruto de la imaginación de las gentes de mar, la existencia de imprevistas olas gigantes -también conocidas como “golpes de mar”- se ha podido constatar gracias a los avances científico-tecnológicos, Boyas, radares y satélites no sólo han constatado que existen, sino que además se producen con más frecuencia de lo que se pensaba.

Estas olas pueden ser muy destructivas y producir trágicos accidentes marítimos. Su altura puede llegar a alcanzar los 30 metros, pero el peligro, más que su tamaño, es que suelen presentarse por sorpresa como muros de agua entre olas más bajas.


Foto de una ola gigante tomada por Philippe Lijour desde el petrolero Esso Languyedok.

El hecho de que las olas gigantes en realidad se producen con relativa frecuencia tiene importantes implicaciones económicas y de seguridad, dado que los barcos y plataformas actuales están construidos para soportar olas con una altura máxima de solamente 15 metros.




Los tripulantes del “Stolt Surf” ostentan el privilegio de haber sobrevivido a una colosal tormenta marina con olas de más de veinte metros de altura, cuya existencia no había sido comprobada hasta entonces.

En 1977, la tripulación del “Stolt Surf ” comprobaría de la peor manera que la leyenda de las olas gigantes era cierta. El 4 de octubre de ese año, el petrolero sueco partió desde Singapur con destino a Portland (Estados Unidos) bajo el mando del capitán Guttorm Oddenes. A los pocos días de zarpar, recibieron el informe de que una fuerte tormenta se estaba formando en el rumbo que llevaban.

De acuerdo a los reportes meteorológicos disponibles, el capitán Oddenes recibió instrucciones de virar hacia el norte para evitar la tormenta. Esto no le agradó al capitán, ya que de acuerdo a su experiencia en esas aguas, el rumbo norte era el menos indicado. Sin embargo, confiando en la tecnología y la pericia de la agencia meteorológica, decidió obedecer la recomendación.

El 20 de octubre, el capitán Oddenes se arrepintió profundamente de no haber seguido sus instintos, al encontrarse con un aterrador huracán justo en medio de su trayectoria. Obligado por las circunstancias, Oddenes hizo lo que ningún otro capitán de barco se habría atrevido a hacer: enfrentar a la tormenta con la remota esperanza de salir indemnes de ella. Por desgracia, no tenía otra alternativa, aunque sabía que la decisión podría costarles la vida.

Los días siguientes fueron una verdadera pesadilla para el barco y sus hombres. Karsten Petersen, un tripulante danés, cuenta la increíble experiencia vivida en su página web: “Era claro que no se trataba de una de esas tormentas con olas de «sólo» diez metros de altura. Por el contrario, y para nuestra sorpresa, ¡cuando las olas más grandes golpeaban contra nosotros, teníamos que mirar hacia arriba para ver sus crestas! ¡Y eso que estábamos en la cubierta del puente de mando, a veintidós metros por encima del nivel del mar! ¡Veintidós metros y todavía teníamos que mirar hacia arriba!”

Aunque parezca increíble y pese a las cuantiosas averías producidas como consecuencia de la tormenta, el “Stolt Surf” logró llegar a puerto por sus propios medios y sin tener que lamentar víctimas; sólo uno de los marineros debió ser hospitalizado con algunas contusiones.


Durante las pasadas dos décadas, las tormentas han hundido más de 200 superpetroleros y barcos de contenedores de más de 200 metros de eslora. Se cree que las olas gigantes han sido la causa principal en muchos de esos casos.

Los marineros que han sobrevivido a tales encuentros cuentan historias notables. En febrero de 1995 el trasatlántico Queen Elizabeth II se encontró con una ola gigante de 29 metros de alto durante un huracán en el Atlántico Norte, a la que el capitán Ronald Warwick describió como "una inmensa muralla de agua… parecía como si nos abalanzáramos hacia los acantilados, los White Cliffs, de Dover".

El fenómeno ha afectado también a las plataformas de alta mar: el 1 de enero de 1995 la plataforma petrolera Draupner en el Mar del Norte fue alcanzada por una ola que medía, según un dispositivo láser de a bordo, 26 metros, y las olas mayores a su alrededor eran de hasta 12 metros.





Las olas extremas se dan frecuentemente en áreas donde se encuentran con una fuerte corriente en sentido contrario. Un ejemplo conocido es la corriente de Agulhas cerca de la costa de Sudáfrica, donde muchos barcos grandes han tenido problemas. La fuerte corriente que va hacia el sur se encuentra con el mar de fondo procedente de temporales en el Océano Antártico.

Se piensa que las olas gigantes son un fenómeno no lineal, quizá caótico, capaz de generarse de repente a partir de otras olas pequeñas e inofensivas.

Hasta ahora, el estudio de las olas gigantes del mar se ha centrado mucho en los sistemas oceanográficos. Quizá el mejor estudio que se ha hecho hasta ahora de este fenómeno es el Proyecto MaxWave, durante el cual los investigadores, como José Carlos Nieto, físico, profesor de Teoría de la Señal de la Universidad de Alcalá de Henares, ha participado desde el origen en el diseño del programa Maxwave (ola máxima) desarrollado en colaboración con el Instituto Científico de Alemania GKSS. mediante datos tomados por satélites de la Agencia Europea del Espacio, identificaron un significativo número de señales que podrían ser evidencia de olas gigantes. En concreto fue detectada una por cada 150.000 km², lo que nos permite hacernos una idea de lo raro del fenómeno.

Hay tres categorías de olas gigantes:

  • "Muros de agua" viajando hasta 10 km a través del océano
  • "Tres Hermanas", grupos de tres olas
  • Solitarias olas gigantes, cuadruplicando la altura de las olas de la tormenta y colapsándose tras pocos segundos.

Recientemente las olas sitiaron el martes 11 de marzo de 2008 toda la costa del Cantábrico, Gijón 13 metros.

Cabo Vilán, en Galicia, 20

24 de enero 2009 se detectaron al norte de Santander olas equivalentes a un edificio de siete u ocho pisos.

Ese día, con gran parte de España en alerta por los fuertes vientos que iba a provocar un fenómeno meteorológico conocido como "ciclogénesis explosiva", una boya del Instituto Español de Oceanografía (IEO) fondeada 22 millas al norte de Santander midió una ola de 26,13 metros de altura y otra de 24,64, los dos registros más altos de los que se tienen conocimiento en la costa española.

Una ola gigante no es lo mismo que un tsunami. Los tsunamis son olas generadas por movimientos sísmicos bajo el mar y que se propagan a gran velocidad. Sólo se vuelven peligrosos conforme se acercan a la orilla y no suponen ningún peligro para la navegación.

La ola surfeada mas grande jamas documentada, mide 20 metros:




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